Las Monjas de la Orden de Predicadores

 “ Nacieron cuando el santo Padre Domingo asoció a su “Santa Predicación”, por la oración y la penitencia, a las mujeres convertidas a la Fe Católica, reunidas en el Monasterio de Santa María de Prulla y consagradas solamente a Dios”. (Const. Fundamental I)

El numeral V de las Constituciones de las Monjas de la Orden de Predicadores resume lo que ha de ser nuestra vida:

“Uniformes en la norma de vida puramente contemplativa, guardando en la clausura y en el silencio la separación del mundo, trabajando diligentemente, fervientes en el estudio de la verdad, escrutando con corazón ardiente las Escrituras, instando en la oración, ejercitando con alegría la penitencia, buscando la comunión en el régimen, con pureza de conciencia y con el gozo de la concordia fraterna, buscan “con libertad de espíritu” al que ahora las hace vivir unánimes en una misma casa y en el día novísimo las congregará como pueblo de adquisición en la ciudad santa. Creciendo en caridad en medio de la Iglesia, extienden el pueblo de Dios con misteriosa fecundidad y anuncian proféticamente, con su vida escondida, que Cristo es la única bienaventuranza, al presente por la gracia, y en el futuro por la gloria”.

OBSERVANCIA REGULAR: “La observancia regular, recogida de la tradición por Santo Domingo o renovada por él, dispone el estilo de vida de las Monjas en forma tal que les ayuda en su decisión de seguir más de cerca a Cristo y a realizar con mayor eficacia la vida contemplativa en la Orden de Predicadores. Las

Monjas viviendo unánimes en casa, imitan a Jesús, que se retiraba al desierto para orar. De esta forma son un signo de la Jerusalén celeste que los frailes construyen con su predicación. Efectivamente, las hermanas en la clausura se consagran totalmente a Dios, y, al mismo tiempo, perpetúan el carisma especial que el bienaventurado Domingo tuvo para con los pecadores, los pobres y los afligidos, llevándolos en el sagrario íntimo de su compasión” (LCM N° 35, I)

“Pertenecen a la observancia regular todos los elementos que integran nuestra vida dominicana y la ordenan mediante la disciplina común. Entre estos elementos destacan la vida común, la celebración de la Liturgia y la oración privada, el cumplimiento de los votos, el estudio de la verdad sagrada, para cuyo fiel cumplimiento nos ayudan la clausura, el silencio, el hábito, el trabajo y las obras de penitencia.” (LCM N° 35, II)